“Los mayores retos de la Arquitectura actual no son precisamente tecnológicos”.

Andrés Martínez Espinosa

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La crisis reorientó su trabajo hacia la arquitectura popular, sus materiales y sus técnicas, y marcó el camino de Andrés Martínez Espinosa hacia la bioconstrucción o biología del hábitat. Defiende que “los materiales, los sistemas constructivos y las instalaciones influyen en la salud fisiológica, psicológica y social de las personas” y considera fundamental “recuperar su protagonismo en todas las fases de la construcción”. Tiene claro que “los mayores retos de la Arquitectura actual no son precisamente tecnológicos” y así lo plasma día a día en su trabajo profesional a pie de obra y en su labor de formación, asesoría y divulgación.

Andrés Martínez Espinosa sueña con recuperar materiales y oficios tradicionales vinculados a la construcción e incorpora al proceso constructivo la reflexión sobre las implicaciones que cada decisión como Aparejador tendrán en la vida de las personas que utilicen los espacios.

Para conocer más a Andrés Martínez Espinosa:

Breve currículo:  

Después de 15 años trabajando como jefe de obra, técnico de promociones y director técnico en empresas constructoras y promotoras, la crisis de 2008 supuso para mí la posibilidad de reorientar mi carrera profesional hacia la arquitectura popular, sus materiales y técnicas, lo que enseguida me puso en el camino de la bioconstrucción o biología del hábitat, disciplina en la que me he especializado durante los últimos 10 años. Hoy, como profesional independiente, compagino mi labor a pie de obra con la asesoría, la formación y la divulgación en el ámbito de esta disciplina.

¿Por qué te hiciste Aparejador?

 En realidad, no tengo la sensación de haber decidido “hacerme” Aparejador. Cuando elegí estudiar Arquitectura Técnica no podía ser consciente del camino que podría esperarme una vez concluida la carrera. Mi entorno más cercano era completamente ajeno al sector de la construcción. Seguramente, mi afición por el dibujo, el patrimonio arquitectónico y la historia de la construcción tuvo algo que ver en la elección de esta profesión. El hecho de que en Burgos hubiera una Escuela de Arquitectura Técnica también influyó. Imaginarme sumergido en el proceso de dar forma a un proyecto de edificación era algo que siempre me había atraído. Sin duda, hace 25 años, mi visión era un tanto idealizada, pero me ayudó a superar las dificultades que fueron surgiendo y, de alguna forma, es la que me ha traído hasta donde hoy me encuentro.

¿Qué es lo que más te gusta de la profesión?

 A través de mis lecturas sobre arquitectura medieval, supe que el término “aparejador” procede del alemán “parlier” que, a su vez, deriva del francés “parleur” (el que habla). Tratar con todas las personas involucradas en el proceso constructivo y tratar de facilitar todos los procesos que tienen lugar durante la construcción de un edificio es lo que más me motiva.

Hoy sabemos que los materiales, los sistemas constructivos y las instalaciones influyen en la salud fisiológica, psicológica y social de las personas y recuperar su protagonismo en todas las fases de la construcción me parece fundamental. Como recordaba en una charla que acabo de impartir en unas Jornadas Técnicas sobre bioconstrucción, los mayores retos de la arquitectura actual no son precisamente tecnológicos.

Un proyecto para recordar…

 Por motivos obvios, el de mi propia casa, fruto de la decisión de acomodar mi modo de vida al de mis convicciones personales y profesionales. No es la envergadura lo más destacable de este proyecto (se trata de una casita muy sencilla situada en el Valle de Mena, en la provincia de Burgos). Sin embargo, enfrentarse a la toma de algunas decisiones tratando de conciliar cuestiones técnicas, éticas y económicas ha supuesto un aprendizaje importante.

Un sueño como Aparejador…

 Me resulta difícil separar mis aspiraciones personales de las profesionales, así que mis sueños tienen algo de ambas. En ocasiones fantaseo con la recuperación de los materiales de construcción tradicionales, de las técnicas y los oficios asociados a ellos y del conocimiento artesanal y técnico hoy casi perdido. Los retos que la Arquitectura y la construcción tienen planteados actualmente, siendo, como son, sectores de un altísimo impacto tanto desde el punto de vista medioambiental como desde el de la salud humana, deberían hacer que nos replanteáramos muchas cosas.

Algo que añadir…  Nuestra participación en el proceso constructivo nos obliga a plantearnos las implicaciones de nuestras decisiones en cómo será la vida de las personas que utilicen los espacios en los que intervenimos durante casi el 90% de su tiempo. La calidad del aire interior de estos espacios es, según la EPA, entre 2 y 5 veces peor que la del exterior debido, fundamentalmente, a los materiales, sistemas constructivos e instalaciones que los configuran. Para mí, ejercer de forma responsable significa tener esto presente y actuar en consecuencia.

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